jueves, 9 de agosto de 2018

Cuidadores: familia y amigos

Cuidadores: familia y amigos Residencias Algunas personas de edad avanzada tienen familiares, amigos o vecinos dispuestos a proporcionar ayuda y cuidados y preparados para hacerlo. Dichas personas pueden denominarse cuidadores. En ocasiones, miembros de grupos religiosos o de otro tipo ayudan o asumen el papel de cuidador por completo de forma gratuita o a coste reducido. Los cuidadores pueden ofrecer ayuda con las actividades básicas (tales como comer, vestirse y bañarse), las tareas del hogar (tales como cocinar, limpiar la casa, comprar, pagar facturas y cortar el césped) y otras tareas (como administrar los medicamentos tal como están prescritos). En Estados Unidos, alrededor de 7 de los 36 millones de personas de 65 años o más requieren atención diaria por parte de un cuidador. Más de 22 millones de cuidadores en Estados Unidos proporcionan atención continua a las personas de edad avanzada. Pueden proporcionar asistencia solo algunas horas a la semana o día y noche de forma continua. La mayoría de las personas que ejercen la función de cuidadores son los cónyuges o los hijos de la persona que recibe los cuidados (ver Cuidado familiar de las personas mayores), y la mayoría son mujeres. Alrededor de dos tercios de los cuidadores trabajan a tiempo completo o parcial, además de ejercer como cuidador. Determinar si una persona de edad avanzada necesita cuidados no siempre es fácil. A los miembros afectados de la familia que tengan que tomar esta decisión, les vendrá bien observar si la persona de edad avanzada es capaz de hacer lo siguiente: Comer: ¿La ropa está manchada con frecuencia de comida? ¿Está perdiendo peso sin una explicación obvia? Sentarse y levantarse de la cama o de una silla: ¿Se balancea varias veces antes de conseguir levantarse? ¿Utiliza como apoyo los muebles u objetos cercanos? ¿Sentarse parece que implica una caída hacia atrás en la silla? ¿Se cae con frecuencia la persona al levantarse de la cama o de una silla? Uso del inodoro: ¿Está la ropa sucia o mojada? Ducharse: ¿La piel y el pelo están sucios? Aseo: ¿Tiene una apariencia desgreñada o desaliñada? Caminar: ¿Parece insegura o sufre caídas? Toma de los medicamentos recetados: ¿Las recetas duran más de lo que deberían? ¿Se utilizan más rápido de lo que deberían? ¿Las píldoras están mezcladas en un envase? Uso del teléfono: ¿Parece entender conversaciones telefónicas? ¿Responde siempre al teléfono cuando se sabe que está en casa? Manejo del dinero: ¿Están las facturas pendientes de pago, dando lugar a avisos de vencimiento? ¿Se le han notificado en varias ocasiones descubiertos en sus cuentas? Hacer la compra y preparar los alimentos: El alimento disponible ¿es suficiente? ¿Se guardan los alimentos pasadas las fechas de caducidad? ¿Las ollas y sartenes parecen haberse quemado en repetidas ocasiones? ¿Se ha encontrado la estufa encendida? Lavado de la ropa: ¿La ropa está limpia? Recompensas y retos Aunque es un trabajo duro y estresante, trabajar como cuidador de personas de edad avanzada puede ser muy gratificante (ver Efectos). Muchas personas eligen cuidar de la pareja o de sus padres por amor y respeto. Aunque sus esfuerzos no son siempre apreciados, su actividad da un nuevo sentido a su propia vida contribuyendo a mejorar la calidad de vida de otras personas. Sin embargo, nadie puede estar plenamente preparado para los retos que supone ser cuidador. Física, mental, financiera y emocionalmente, el cuidado puede ser exigente, como en las siguientes situaciones: Los cuidadores pueden tener que hacer todas las tareas del hogar, vestir y bañar a la persona, asegurarse de que sigue el régimen de medicamentos prescritos, manejar sus finanzas o una combinación de estas tareas. Pueden gastar todos sus ahorros en el cuidado de un progenitor o un cónyuge dependiente, o puede que tengan que dejar su trabajo para cuidar de esa persona. Es posible que deban atender continuamente las necesidades emocionales de la persona. Puede que deban renunciar a actividades que les gustan. Los familiares pueden estar en desacuerdo o discutir acerca de quién debe proporcionar los cuidados o pagarlos, y sobre otros aspectos de la atención. Estas exigencias pueden ser más difíciles de cumplir cuando los cuidadores son de por sí frágiles, se han visto en su papel de forma inesperada o de mala gana o deben cuidar de alguien que no coopera o es agresivo. Las responsabilidades y conflictos diversos que acompañan el cuidado de una persona de edad avanzada pueden aislar a un cuidador, afectar sus relaciones y poner en peligro sus oportunidades de empleo. Pueden provocar igualmente ira, frustración, culpa, ansiedad, estrés, depresión y una sensación de impotencia y agotamiento. Estos sentimientos son a veces denominados desgaste del cuidador. Este desgaste puede afectar a cualquier persona en cualquier momento, pero es más probable cuando la persona cuidada no puede quedarse sola o es problemática durante la noche. En los peores casos, cuando los cuidadores no son conscientes de la situación o no obtienen ayuda, el desgaste puede conducir al abandono e incluso a los malos tratos hacia la persona de edad avanzada (ver Maltrato a personas mayores). Para determinar cómo proporcionar la ayuda que necesita una persona de edad avanzada y para evitar el desgaste del cuidador, los cuidadores suelen necesitar hablar con diferentes profesionales, entre ellos un trabajador social y un responsable de la atención (un especialista entrenado en asegurar que las personas de edad avanzada reciben toda la ayuda y la atención que necesitan, Responsables de la atención geriátrica), el profesional de atención primaria, una enfermera y/o fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. Los cuidadores también pueden usar ciertas estrategias que les sirvan para prepararse para el cuidado de las personas de edad avanzada y para evitar el desgaste.

No hay comentarios: